A medio camino entre el
alpinismo y el esquí, el esquí de travesía tiene por objetivo la
ascensión de montañas o la travesía de un macizo calzados con esquís
alejados de los remontes mecánicos y el ambiente de las estaciones de
esquí.
El esquí de travesía aprovecha los mejores aspectos
del alpinismo y del esquí. Permite avanzar sobre la nieve profunda sin
hundirse y facilita el acceso a las montañas en el reino de los
alpinistas. Del esquí alpino aprovecha el deseo de buscar siempre el
mejor descenso pero sobre la nieve virgen.
Como muchos otros deportes, éste puede practicarse a distintos niveles:
desde la salida de un solo día a las travesías de varias jornadas, sin
olvidar la clásica excursión de fin de semana pasando la noche en el
cálido y amigable ambiente de un refugio.
La montaña y el esquí forman una combinación apta a todos los niveles.
Esta actividad, al menos en una fase inicial,
puede ser practicada por cualquier buen esquiador con un poco de
entrenamiento físico. Pero no hay que olvidar que este deporte se
desarrolla en la alta montaña por eso, si no se conocen las reglas de la
montaña invernal, lo más aconsejable es iniciarse de la mano de algún
amigo experto o en un club de montaña.
El esquiador de travesía habrá obtenido, cuando domine esta
especialidad, reunir las mejores cualidades de los ámbitos en los que se
mueve. Por un lado, convertirse en un alpinista completo, conocedor del
las técnicas del alpinismo invernal, y, por otro, disponer de un buen
nivel de esquí que permita afrontar con confianza las pendientes más
inclinadas o las nieves más difíciles.
Cuando sepamos interpretar correctamente un mapa, leer sobre el terreno la
estabilidad de la nieve, prever el tiempo observando la evolución de las
nubes en el cielo, acertar con el mejor itinerario y saber elegir el
equipo adecuado, será el momento apropiado para salir por nuestra
cuenta, pero siempre en compañía de alguien.
Entonces habrá llegado la hora de establecer un contacto íntimo y
cómplice con la montaña invernal y la nieve virgen y disfrutar con uno
de los deportes más gratificantes que se pueden practicar en la montaña
blanca.
La eterna duda que persigue esquiador de travesía reside en el equipo
que transportará. Podremos seguir utilizando nuestra vestimenta de
alpinista e incluso nuestras botas del esquí de pista servirán en un
principio para ir adentrándonos en este mundo mágico de los grandes
paisajes nevados.

La elección de los esquís ha de hacerse de acuerdo al nivel técnico, en
líneas generales, son más cortos que los utilizados en el esquí de
pista. También son más ligeros y a la vez robustos. Complemento
indispensable de éstos son las pieles de foca, tiras de material
sintético que se adhieren al patín del esquí gracias a un pegamento
especial y permiten subir con los esquís calzados sin que resbalen hacia
atrás. Las cuchillas son una piezas metálicas que, acopladas entre la
fijación y la bota refuerzan el efecto de las pieles de foca cuando la
dureza de la nieve lo requiere.
Dentro del material típicamente alpinístico se encuentran el piolet y
los crampones. Conviene que el piolet sea más largo que el de escalada
en hielo
y los crampones tampoco tienen que ser técnicos, aunque son preferibles
los
automáticos, es decir los que se calzan sin correas.
En la alta montaña las condiciones meteorológicas pueden variar en unas
pocas horas y comenzar el día como si estuviéramos en primavera y
terminar de riguroso invierno, por eso el esquiador tiene que estar
preparado para afrontarlas. El material de abrigo y de protección contra
la lluvia ha de estar siempre presente en la mochila.
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